jueves, 29 de mayo de 2008

Una mañana molesta


Llego a la oficina, como todos los días, un poco antes de las diez de la mañana. Con los ojos pegados, a pesar de haberme dado una ducha, empiezo la tarea de reconocer los objetos sobre los que se sostiene mi cotidianeidad. Escritorio desordenado, papeles por doquier, monitor, luz, prendo, cierro la puerta, frío, qué frío, la puta madre, menos mal que me puse medias de algodón, no quedan muy bien con el traje pero me importa un carajo. Listo. Me siento y prendo la compu. No hay Internet. Reinicio modem y router. Nada. Vuelvo a intentarlo. Nada. Llega Alejo y da su veredicto: router roto. Hay que salir a comprar otro y configurarlo.

Ahhh [suspiro]

Las pequeñas y eternas dilaciones. El mosquito que pica en la noche. La insignificancia magnificada con el único ánimo de hinchar las pelotas. Tranquiliza ver que todo sigue su curso.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Se podría escribir un tratado sobre las consecuencias de las insignificancias en nuestras vidas.
Pueden arruinarte un día, una semana, quién sabe...
Ahora, qué hinchapelotas son los problemas con las computadoras. Para mí un problema con la computadora equivale a no tener luz o agua.
Julián.

Kco dijo...

La verdad es que cuando uno tiene que solucionar problemas antes de empezar a solucionar problemas es terrible.

Anónimo dijo...

Yo anoche tuve sexo con mi hermana.


Roberto.