miércoles, 6 de julio de 2011

Son casi las cuatro de la tarde, y estoy en la oficina, ebrio.
Hoy al mediodía, festejamos el  el  cumpleaños J. "Ayudín" L. un amigo del banco. Y digo así, un amigo del banco, porque es eso, un amigo actual, que fue alguna vez un compañero de oficina.
Es unos cuántos años más grande que yo, y cuando yo entré al banco le tenía algo de miedo. Me intimidaba su personalidad, su total irreverencia para con la corporación. Intimamente pensaba en esos días que en otra vida, podríamos haber sido amigos.
Un evento desafortunado nos acercó.
Un día, en una reunión, me enteré que lo iban a echar.
—Vos no digas nada —me ordenaron.
Al día siguiente fui a almorzar con él.
Yo estaba más callado que de costumbre, él me contaba una de sus tantas anécdotas.
Finalmente lo interrumpí
—Te van a echar, J. —le dije
Me miro en silencio, y después sonrió. Yo pensé que no me había entendido, o que creía que estaba bromeando. Entonces le repetí
—Te van a echar, J. en serio.
Entonces alargó su brazo por sobre la mesa, me tomó del hombro y me dijo:
—Yo ya lo sabía!, pero me alegra tanto que me lo hayas dicho!
—Quedate tranquilo, voy a estar bien...—agregó.
 
Diez años más tarde, seguimos almorzando juntos un par de veces al mes para hablar de boludeces. En ese tiempo, me ha aconsejado en más de una asunto, y me ha regalado más de una historia.
 
Es más dificil, creo, hacerse amigos de grande. Por algun motivo es más sencillo mantener y consolidar las amistades que surgieron durante la niñez y la adolescencia.
 
El tipo de amistad es distinta. La falta de conocimiento profunda, la diferencia de edad, imponen ciertos límites. no deja, sin embargo, de ser una experiencia enriquecedora.  

2 comentarios:

Kco dijo...

lindo estar en el laburo con la conciencia alterada.

Anónimo dijo...

Hermoso...