Esa frase instala la nostalgia con un efecto doble: por una lado nos acerca a una Buenos Aires que ya no existe, y al mismo tiempo, enreda nuestra imaginación, ya que es imposible visualizar esa zona sin tener presente al Obelisco.
Pienso que quizás en veinte años, pasaré por Viena y recordaré las noches en compañía del Zurdo, Joaquín, Moliné, el Negro, Gatica, Mecha Corta, Esperanza, el Cantante y Cortázar, y sentiré una nostalgia similar a la del personaje del cuento de Martini.
Sospecho que todos tenemos Obeliscos personales erigiéndose lentamente sobre los terrenos que marcaron nuestros mejores años. "
nunca tan justo.
ResponderEliminarQué duro ha sido leer esto hoy.
ResponderEliminar"Claro, eso fue en la época en que nos juntábamos en Austria"
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