La anécdota más increíble con una melodía fue una vez que estaba Kco tocando una base y cantando un estribillo. Cantaba el estribillo y después volvía a la misma base pero arpegiada. Yo estaba a unos pocos metros y empecé a escucharlo. Sentí como un pinchazo en el estómago y fui al cuarto en donde él estaba (nuestro cuarto de ensayo). Le dije "seguí tocando ese arpegio, y no pares". Empezó a tocar, me quedé en silencio unos 30 segundos, y después canté, limpia, sin titubeos, la estrofa. Así quedó terminada la canción, en unos pocos minutos (Kco acababa de hacer el estribillo en ese momento que yo había empezado a escucharlo). Pasó una vez y no pasó nunca más.
Esto no es un intento de poesía, aclaro. Es tan solo la transcripción de algo que escribí en una charla de msn.
ResponderEliminarMe gusta.
Suena bien, pero nunca lo he sentido de esa forma.
ResponderEliminarlas melodías nos pertenecen y no nos pertenecen. como todo.
ResponderEliminarbuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
jajaja.
ResponderEliminarJay, sabés que te lo voy a preguntar: cómo las sentís?
ResponderEliminarComo un parto.
ResponderEliminarSin dolor físico, claro.
Parto: gestación, evolución, salida.
ResponderEliminarLa anécdota más increíble con una melodía fue una vez que estaba Kco tocando una base y cantando un estribillo. Cantaba el estribillo y después volvía a la misma base pero arpegiada.
ResponderEliminarYo estaba a unos pocos metros y empecé a escucharlo. Sentí como un pinchazo en el estómago y fui al cuarto en donde él estaba (nuestro cuarto de ensayo). Le dije "seguí tocando ese arpegio, y no pares". Empezó a tocar, me quedé en silencio unos 30 segundos, y después canté, limpia, sin titubeos, la estrofa.
Así quedó terminada la canción, en unos pocos minutos (Kco acababa de hacer el estribillo en ese momento que yo había empezado a escucharlo).
Pasó una vez y no pasó nunca más.