El otro día compré un denario de plata de Vespasiano.
Vespasiano, para quienes no lo sepan o recuerden, fue uno de los emperadores romanos más conocidos y gobernó entre los años 69 y 79 de nuestra era.
Padre de Tito (quien en el 70 ordenó destruir el segundo templo de Jerusalem y condenó al pueblo judío a la diáspora) e iniciador de las obras del Coliseo.
Vaya a saber por qué manos habrá pasado esta antigua moneda de casi 2000 años antes de caer en las mías.
Soy, lo sé, un abnegado y pasajero custodio.
Carezco de criterio para valorar una antigüedad. O sea, sí soy consciente del valor que pueda tener, pero a mi personalmente no me dice nada y no lo aprecio. Por eso me molan tanto tus posteos sobre tus posesiones. Me acercan un poco a lo que se siente.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarSk, a mi me encanta la historia y tener estas monedas es como tener un pedacito de esa historia conmigo.
ResponderEliminarEs una especie de alquimia absurda que yo decido crear alrededor de un objeto y que me hace dispensarle cierta devoción.
Igual, no sabés lo contento que me pone la gente como vos que no siente lo mismo.
ResponderEliminarSi todos fueran como yo, tener alguna de estas monedas sería prácticamente imposible.
Nada de pasajero, tragatela antes de estirar la pata, y que muera con vos, que tanto.
ResponderEliminarEl Dandy
jajajajaja, 100% Dandy.
ResponderEliminarte vas a morir como una rata y esa puta moneda va a seguir con su metal existencia.
ResponderEliminarla odio.
en cuanto te descuides la cago a martillazos.
ResponderEliminar